Normalmente se elige qué material usar para determinados propósitos teniendo en cuenta una sola cualidad. Un ladrillo, por ejemplo, no debería ser flexible si se quiere usar en la construcción. Sin embargo, los materiales inteligentes pueden adoptar diferentes propiedades en función de la situación. Así pues, un ladrillo inteligente sería aquel que fuese sólido cuando se usase como material de construcción, pero plano y flexible cuando se quisiese almacenar y transportar con facilidad. A medida que la ciencia avanza, estos materiales son cada vez más comunes: los ferrofluidos y los elastómeros dieléctricos o autorreparantes son ejemplos actuales de este tipo de materiales.
El término "materia programable", que podemos considerar el Santo Grial del programa de investigación de materiales inteligentes, se usa para describir una sustancia hipotética que podría adoptar una propiedad determinada cuando así se le ordenase.