Si los seres humanos se empiezan a asentar más allá de la Tierra, será necesario desarrollar competencias para la vida que no se desarrolle en el planeta principal; habrá que tener en cuenta asuntos tan sencillos como conseguir comida, encontrar agua suficiente y no correr de vuelta a casa porque no hay piezas de repuesto. A principios del siglo XXI aún se teoriza sobre cómo se podría vivir fuera de la Tierra de manera prolongada, pero se espera que, a medida que los seres humanos desarrollen la habilidad de vivir fuera de nuestro planeta natal, esos aprendizajes se transmitan a aquellos que aún vivamos en la Tierra para que nos ayude a hacer un mejor uso de los recursos que poseemos y salvaguardarlos para las generaciones futuras.