Leonor, hija de un duque, mujer de dos reyes y madre de tres reyes y dos reinas, probablemente fuese la mujer más poderosa de la Europa de su época. Fue duquesa por derecho propio de la próspera Aquitania y se sentó en los tronos de Francia e Inglaterra, llegando a gobernar este último en nombre de su hijo. Fue una poderosa mecenas de las artes y a ella le debemos sobre todo la evolución del concepto de la caballería. De joven era encantadora, ingeniosa y enérgica, y como reina hacía gala de una gran astucia política.
Nació en 1122 y era hija de Guillermo, duque de Aquitania, uno de los primeros mecenas de los cada vez más numerosos trovadores. Leonor fue criada en una corte sofisticada y rica, y cuando adoptó el título de "duquesa de Aquitania", tras el fallecimiento de su padre, contrajo matrimonio con el príncipe heredero de Francia, que pasaría a llamarse Luis VII cuando su padre, Luis el Gordo, pereció. Leonor acompañó a su piadoso marido hasta Jerusalén en la Segunda Cruzada, en donde los franceses sufrieron una cruenta derrota y se vieron obligados a retirarse. Leonor quería apoyar a su tío, Raimundo de Antioquía, pero Luis no lo permitió, desavenencia que precipitó la anulación del matrimonio. Tuvieron dos hijas, pero ningún hijo, lo que probablemente los distanciase aún más.
Solo dos meses después de que la anulación se hiciese efectiva, Leonor se casó con Enrique, duque de Normandía. El joven rey Plantagenet estaba decidido a recuperar los territorios de su familia, y el matrimonio con Leonor provocó un enfrentamiento contra Luis. Así vio la luz un complicado conflicto con varios frentes que duraría hasta 1154, en el que la guerra fría sería tan importante como la guerra abierta. Leonor y Enrique tuvieron cuatro hijos que sobrevivirían hasta la edad adulta.
Durante esta época vivió en Poitiers junto a María, una de las hijas que tuvo con Luis. Allí, ella y las mujeres nobles de la corte de Poitiers establecieron la famosa "corte del amor", que popularizó las tradiciones caballerescas y del amor cortesano. Estas mujeres nobles (y algunos hombres) exponían sus vivencias románticas ante Leonor y las demás nobles y, a continuación, estas emitían su juicio. Luego, bajo el mecenazgo de Leonor, los trovadores transmitirían muchos de los ideales del amor cortesano al resto de Europa.
Los hijos de Leonor poseían todas las ambiciones de sus progenitores. De hecho, el joven Enrique, insatisfecho con estar a la sombra de su padre, inició una sublevación e intentó que sus hermanos se uniesen a la causa. Todo parece indicar que Leonor incitó a sus hijos a que se rebelasen, y cuando la sublevación fracasó, el rey Enrique encarceló a Leonor durante los 16 años siguientes. Por su parte, Enrique el Joven murió en 1183, tras una segunda revuelta que no llegó a buen puerto; después de este acontecimiento, Enrique II se volvió un poco más laxo con Leonor e incluso apareció con ella en la corte.
Cuando Enrique II falleció, en 1189, su hijo Ricardo Corazón de León asumió el control de los territorios que la familia tenía en Inglaterra y Francia. Leonor pudo salir de prisión y gobernó Inglaterra en nombre de su hijo. El propio Ricardo participó en la Tercera Cruzada, de la que salió muy malparado (ver entrada de Saladino para obtener más detalles). El hijo más joven, Juan, intentó hacerse con el poder cuando su hermano no se encontraba en Inglaterra, pero el país siguió mostrándose leal a Ricardo, lo cual es una muestra clara de la gran pericia de Leonor. Esta fue clave a la hora de reunir el exagerado rescate necesario para evitar que Ricardo siguiese cautivo en Austria.
Ricardo murió en 1199, momento en el que el gobierno pasó a manos de Juan, un rey irresponsable que propició el declive de la fortuna angevina, el auge de Robin Hood y la Carta Magna. Su incompetencia probablemente fuese todo un dolor de cabeza para su hábil madre.
Cuando Leonor ya sumaba más de 70 veranos, Juan la envió a la corte de Castilla en una misión diplomática. Allí reinaba su hija, con la que compartía nombre, y que ya tenía descendencia; Leonor debía elegir una prometida para el nuevo príncipe heredero de Francia (el nieto de Luis VII, primer marido de Leonor) para afianzar una paz entre Felipe II de Francia y el rey Juan. El viaje de regreso, sin embargo, fue particularmente complicado, por lo que decidió quedarse en Fontevraud y dejar que la futura reina Blanca prosiguiese con el camino.
En sus últimos años de vida, Leonor fue víctima de un hábito que a ella ya le resultaba muy familiar: las jóvenes generaciones que intentan derrocar a sus antecesores. En 1202, su nieto Arturo I de Bretaña intentó apresarla en el castillo de Mirebeau, pero Juan marchó contra él, se abrió paso por el asedio del castillo y capturó al duque de Bretaña, que por aquel entonces solo tenía 15 años y acabaría desapareciendo cuando aún estaba cautivo. Leonor se retiró a Fontevraud, entró en su orden religiosa y murió en el año 1204. Está sepultada allí mismo, entre su marido Enrique II y su hijo Ricardo.