Hasta los teóricos militares de la Antigüedad entendían la importancia de deformar el sentido del enemigo antes de entrar en combate. Desde entonces, las tácticas para influir en la opinión de la población enemiga y reducir el apoyo bélico del estado rival se han ido volviendo cada vez más sofisticadas. Actualmente se pueden manipular las redes sociales, crear y propagar contranarrativas sobre el conflicto, dar a conocer hechos alternativos, etc. Normalmente todas estas técnicas se disfrazan para que parezca que el culpable es el estado objetivo. Así, la oposición creerá que el problema está más extendido y es más aceptable socialmente de lo que en realidad es. Estas técnicas pueden provocar efectos devastadores en el estado contra el que se llevan a cabo.