El Imperio otomano es famoso por sus conquistas militares, pero también por haber sido un importante centro de la artesanía y el comercio. Debido a su ubicación en el cruce entre Europa, África y Asia, se beneficiaba del flujo de mercancías que pasaba por sus fronteras. Controlaban importantes ciudades comerciales como Estambul, El Cairo y Bagdad. Es posible que el Gran Bazar de Estambul sea el que más tiempo ha estado operando ininterrumpidamente en todo el mundo, y es una de las atracciones turísticas más famosas del planeta.
La palabra "bazar" es de origen persa y se cree que los más antiguos surgieron alrededor de los caravasares. Los auténticos bazares se sitúan dentro de un edificio o en un callejón a la sombra de los toldos. Aún pueden encontrarse bazares tradicionales por todo el mundo: muchos son importantes y concurridos mercados y algunos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Algunos se dedican a la compra y venta de un solo producto, como el grano o la tela, mientras que otros pueden ser mercados generales donde se comercia con todo tipo de cosas.
Los bazares eran el centro de la vida urbana en el Imperio otomano y en los territorios colindantes. Sus rituales y costumbres en la compra y venta de bienes se extendieron entre las distintas culturas y lenguas de aquella parte del mundo.