Hacia finales del siglo XX y principios del XXI, el espionaje y los conflictos bélicos modernos cambiaron por completo. Los drones (también llamados vehículos aéreos no tripulados) permiten a los ejércitos observar y atacar al enemigo sin poner en peligro la vida de sus soldados. Aunque los drones no tienen tripulantes, sí necesitan pilotos, bien sea mediante patrones de vuelo programados o mediante las órdenes de un piloto humano vía satélite. Actúan como "ojos en el cielo" en zonas peligrosas, como en conflictos bélicos o en desastres naturales, e incluso pueden realizar tareas ordinarias, como repartir una pizza o entregar un paquete.
Aunque la idea no es nueva, el uso y la eficacia en combate de los primeros intentos fue cuestionable; el plan de los "murciélagos portadores de bombas" que propuso un dentista estadounidense en la Segunda Guerra Mundial no resultó ser un arma eficaz para los aliados.