En esencia, las tácticas de asedio no han cambiado mucho desde Megido (alrededor de 1457 a. C.), Tiro (332 a. C., Cartago (149-146 a. C.) y Masada (73-74 a. C.) –y eso sin mencionar Troya alrededor del 1200 a. C., si debemos hacer caso a Homero–. Cuando los asirios y sus vecinos empezaron a construir murallas alrededor de sus ciudades para mantener a los indeseables fuera, cualquier conquistador que se preciase necesitaba disponer de los medios necesarios para tomar esos lugares.
Desde tiempos inmemoriales, el primer paso de un agresor solía ser el "ataque por sorpresa", que busca anular a los defensores antes de que estén preparados o de que se enteren de que están siendo atacados. Normalmente no solía funcionar, pero merecía la pena intentarlo. Así, la mayoría de los atacantes recurrían a asediar la ciudad, buscando forzar a los defensores a rendirse (o con la esperanza de que alguien de dentro los traicionase y abriera las puertas). Si el lugar estaba completamente rodeado, podía cortarse el acceso de los asediados a alimentos, agua y otros suministros. Y, cuando llegaba la hambruna, como solía ocurrir, los defensores y los civiles se veían obligados a comer cualquier cosa que tuvieran a mano: caballos, mascotas, cuero, serrín e incluso congéneres. Las enfermedades también eran bastante eficaces, así que la costumbre de lanzar cadáveres podridos (animales y humanos) por encima de las murallas también era frecuente. Pero todas estas tácticas eran a medio o largo plazo, sobre todo si la ciudad era grande y estaba bien abastecida.
Para terminar antes –dado que el ejército de asedio también podía verse afectado por enfermedades, hambrunas o el ataque de otro ejército– se inventaron gran variedad de máquinas de asedio destinadas a romper las murallas o a pasar por encima de ellas. Las escaleras y las torres de asedio colocaban a los soldados en las murallas, mientras las catapultas y los trabuquetes las rompían, y los arietes y los ganchos de asedio derribaban o bajaban las puertas. Excavar túneles para que los muros se colapsasen también funcionaba a veces. Si las tácticas tenían éxito y conseguían atravesar las murallas, todo terminaba en un sangriento combate cuerpo a cuerpo en la ciudad. Los otomanos eran grandes especialistas en tácticas de asedio... como pueden atestiguar Constantinopla, Klis y Rodas.