Los contrafuertes son elementos arquitectónicos que se usan para reforzar paredes y, de ese modo, permitir la construcción de paredes aún más altas. Que se sepa, los más antiguos se usaron en el templo de Eanna, en Uruk, alrededor del 3200 a. C. En la arquitectura gótica se popularizó el uso de arbotantes, en los que la fuerza lateral de la pared se transmitía hacia una columna o pilar de apoyo a través de un semiarco, lo que posibilitaba la construcción de paredes más grandes y ligeras. Esta técnica se usó en muchas de las catedrales de Europa y permitió que esos edificios estuviesen adornados por vitrales de grandes dimensiones.